Ema, la cautiva

By César Aira

Ema, los angeles cautiva es quizá l. a. más reconocida novela de César Aira y l. a. primera de toda su obra que se publicó en España.

Ameno lector, hay que ser pringlense, y pertenecer al Comité del Significante, para saber que una contratapa es una «tapa en contra». Sin ir más lejos, yo lo sé. Pero por alguna razón me veo frívolamente obligado a contarte cómo se me ocurrió esta historiola. los angeles ocasión es propicia para las confidencias: una linda mañana de primavera, en el Pumper Nic de Flores, donde suelo venir a pensar. Tomasito (dos años) juega entre las mesas colmadas de colegiales de incógnito. Reina l. a. desocupación, el tiempo sobra.

Hace unos años yo period muy pobre, y ganaba lo necesario para analista y vacaciones traduciendo, gracias a los angeles bondad de un editor amigo, largas novelas de esas llamadas «góticas», odiseas de mujeres, ya inglesas, ya californianas, que trasladan sus morondangas de siempre por mares himenópticos, maresde té pasional. Las disfrutaba, por supuesto, pero con l. a. práctica llegué a sentir que había demasiadas pasiones, y que cada una anulaba a las demás como un desodorizante de ambientes. Fue todo pensarlo y concebir los angeles proposal, atlética si las hay, de escribir una «gótica» simplificada. Manos a l. a. obra. Soy de decisiones imaginarias rápidas. El Eterno Retorno fue mi recurso. Abjuré del Ser: me volví Sei Shonagon, Sherezada, más los animales. Las «anécdotas del destino». Durante varias semanas me distraje. Sudé un poco. Me reí. Y al terminar resultó que Ema, mi pequeña yo mismo, había creado para mí una pasión nueva, los angeles pasión por l. a. que pueden cambiarse todas las otras como el dinero se cambia por todas las cosas: los angeles indiferencia. ¿Qué más pedir?

La crítica ha dicho...
«César Aira es hoy por hoy uno de los autores más inclasificables de los angeles narrativa hispanoamericana. Inclasificable por su originalidad, por su brillantez, por su sabiduría en el oficio de narrar en el que mezcla humor, imaginería desbordante y agudas reflexiones.»
El Cultural

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L. a. escena le end resultó difícil de descifrar, no sólo por los angeles tiniebla y las posiciones de los jugadores, sino por l. a. perspectiva casi vertical en que los angeles veían. Entre el resplandor tenue que rayaba los angeles oscuridad pudo ver a dos señores indígenas, pintados enteramente, con los angeles cabeza afeitada hasta l. a. mitad y el resto de l. a. cabellera muy largo y engrasado. Más atrás, sentados también en el suelo, había otros indios que se limitaban a observar. Y a su lado hermosas kamuros dándoles de fumar, ellas también pintadas pero con tinta negra, que borraba sus cuerpos pequeños y graciosos en las sombras.

Hoy los angeles diana había sido diferida una hora, de modo que podían seguir durmiendo o pensando. los angeles neutralidad femenina, se decía Duval, es un efecto de su entrega; el hombre, en cambio, es expresivo porque nunca se pone a disposición de nadie. �Cómo serían los indios? Quizás le enseñaran algo al respecto… Todo el día fue de descanso, lo pasaron en los oteros del arroyo o en el agua. Lavaron l. a. ropa y los caballos. Al mediodía los angeles hierba estaba cubierta de camisas blancas secándose, y los caballos resplandecían en sus rosas y grises erizados de tan limpios.

El huracán estaba en el ápice de su actividad; l. a. nieve venía de todas partes, no sólo de arriba, pues a veces se desprendían del suelo grandes bloques blancos que les estallaban entre las piernas. Las nubes pasaban veloces como águilas bajo l. a. luna, y cada vez que una especialmente grande los angeles ocultaba del todo, l. a. única luz del paisaje provenía de los ranchos incendiados. Ema corría encorvada sobre el niño, Gombo con el sable en alto. El rancho más cercano ardía como una hoguera, y antes de que pudieran dejarlo atrás les salieron al paso varios jinetes que parecían surgir de las llamas mismas; los gritos que oían, gemidos agudos y desarticulados, no los proferían los indios sino sus caballos, que se mordían los angeles lengua hasta destrozarla y escupían chorros de sangre y espuma.

Sonaban unas risas, murmullos, y las llamas hacían brillar sus pinturas. Ema se dejó arrastrar por el sueño, y al despertar se asomaba los angeles primera luz en el cielo. A su alrededor todos dormían en las esteras, o caídos en l. a. hierba. Se despatchedó y aspiró el aire húmedo, todavía penumbroso. Fue a ver los faisanes: todavía no se despertaban, pero algunos se revolcaban con pesadillas. Una de las indias se despertó y l. a. miró como si no los angeles reconociera. Tenía dos círculos tatuados en las mejillas, encantos de los angeles mirada que se llamaban �omaruros».

Tuvimos que esperar unos días a que volvieran en sí, y algunos no se aclimataron bien: aquí tenemos mucha humedad. Pero sí, empezamos a trabajar. Lo primero fue fecundar a las hembras, pues ya empieza los angeles puesta. —Me gustaría echar una mirada. —Por supuesto. Haremos una recorrida. Lo había invitado a almorzar y estaban solos en una estancia de l. a. mansión de Ema, sentados al estilo indio en una estera. Un papel inclinado hacía las veces de pared y techo, y dos biombos colocados en ángulo los aislaban del recinto donde comían unas criadas.

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